LOS QUE LLORAN
Mateo 5:4
Introducción: Bienaventurado significa: “dichoso”. Después de una semana llena de tantas responsabilidades y de tantas dificultades, podemos decir que somos dichosos de poder participar de la gracia de Cristo en nuestras vidas. La gracia que nos da vida, la gracia que nos trae paz, la gracia que nos da la fuerzas para vivir otro día más.
La palabra bienaventuranza significa: el gozo y la satisfacción espiritual que perduran a pesar de las circunstancias; que perduran a través del dolor, la pena, perdidas, y aflicción.
I. Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación.
Llorar significa: tener un corazón quebrantado. El llorar es provocado por un profundo lamento. Lloramos cuando perdemos un ser querido, cuando hay tristeza por alguna situación, cuando nos han maltratado, cuando nos han injuriado, cuando nos levantan mal testimonio, cuando la pruebas de la vida nos desesperan, etc.
1. ¿Quién es el que llora? ¿Quién es el que tiene tanto dolor que llora y clama de su interior?
a. La persona desesperadamente triste por causa de sus propios pecados y de su indignidad ante Dios. Lucas 18:13 (El fariseo y el Publicano).
b. La persona que realmente siente desesperante aflicción y terrible sufrimiento por otros (Mt. 9:36). “Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellos, porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor”.
2. El llorar ante el Señor conduce a la confesión y humildad ante Dios y el resultado es ser enaltecido por Dios (Santiago 4:8-10).
3. La persona que llora es consolada por Cristo mismo.
a. Solamente Cristo puede consolarnos más allá de lo imaginable.
b. Solamente Cristo puede socorrernos en momentos cuando pensamos que nadie nos puede ayudar.
c. Solamente Cristo puede penetrar los sentimientos más profundos.
4. Hay un consuelo presente que Dios tiene a disposición de nosotros.
a. Solamente Cristo nos puede dar profunda paz, alivio y consuelo interior. “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo” (Jn. 14:27).
b. Solamente de Cristo recibimos seguridad de perdón y aceptación. “Si confesamos nuestro pecados, el es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9).
c. Solamente en Cristo recibimos plenitud de gozo. “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es a los que conforme a su propósito son llamados” (Romanos 8:28).
d. Solamente Cristo nos puede dar consuelo eterno cambiando nuestra vida perdida por una nueva (2 Cor. 5:17).
e. Solamente nos puede dar consuelo eterno. “Enjugara Dios toda lagrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá mas llanto ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron” (Ap. 21:4).
5. El llorar del alma no necesariamente implica lágrimas, muchas veces nuestro espíritu llora y nadie se da cuenta.
6. Puedo imaginarme las veces que Moisés lloró ante la desesperación del pueblo que no quería seguir los mandamientos de su libertador.
Conclusión: