LAMENTOS DE MUERTE, CONVERTIDOS EN GOZO

 

Éxodo 2:23-25 “Aconteció que después de muchos días murió el rey de Egipto, y los hijos de Israel gemían a causa de la servidumbre, y clamaron; y subió a Dios el clamor de ellos con motivo de su servidumbre. 24Y oyó Dios el gemido de ellos, y se acordó de su pacto con Abraham, Isaac y Jacob. 25Y miró Dios a los hijos de Israel, y los reconoció Dios”.

 

Introducción: El pueblo de Israel se había acostumbrado a vivir una vida cómoda, sin preocupaciones, con comida, ganado, buena posición social, libertad para servir a Dios, y libertad para moverse por donde ellos quisieran en el territorio de Egipto.  ¿No le parece esta historia un poco similar a la suya?  ¿No tiene usted todo lo que necesita?  La realidad del caso es que nosotros también nos encontramos en la misma condición que se encontraba el pueblo de Israel. 

 

    Un día teniendo todo lo que necesitaba, de repente, todo se  fue al piso, y el Egipto en que vivimos comenzó a oprimir nuestras vidas, comenzó a faltar la comida, comenzó a faltar las comodidades, comenzó a faltar la libertad.  La situación ha llegado a un punto que nuestro espíritu esta gritando con lamentos de muerte.  Muchos pueden escuchar sus lamentos de muerte, y otros ya no los pueden escucharlos.  En esta noche vamos a convertir nuestros lamentos en gozo. “Entonces la virgen se alegrará en la danza, los jóvenes y los viejos juntamente; y cambiaré su lloro en gozo, y los consolaré, y los alegraré de su dolor. Y el alma del sacerdote satisfaré con abundancia, y mi pueblo será saciado de mi bien, dice Jehová”  (Jeremías: 31:13).

 La Biblia nos habla de hombres y mujeres que también tuvieron lamentos de muerte, pero confiaron en Dios, y Dios fue su consolador.

 

I.                   Moisés literalmente deseaba morirse.

1.      Números 11:10-15

2.      Números 11:17

II.                Noemí salio con un esposo y dos hijos y regreso con una nuera.

1.      Rut 1:19-21

2.      Rut 4:13-17

III.             Jeremías deseó morirse.

1.   Fue azotado, fue humillado, (20:2).

2.   Le dice a Dios, que Dios lo sedujo, lo engaño, lo embobó, abusaste de tu poder contra mí (Vrs 7).

3.      No escuchaste mi clamor, y por predicar he padecido grandes afrentas.

4.      Deseó morirse (14-18).

5.      Pero aun con todo lo que pasó dijo: había en mi corazón como un fuego ardiente metido en mis huesos; traté de sufrirlo, y no pude (20:9).

Conclusión: